Una casa con historia que necesitaba adaptarse a una nueva forma de vivir.
Las viviendas no dejan de funcionar porque sean antiguas. Dejan de funcionar cuando ya no responden a las personas que viven en ellas.
Esta casa de los años 70 conservaba una identidad muy marcada y unos elementos arquitectónicos con mucho carácter. El reto no era transformarla por completo, sino decidir qué merecía la pena conservar y qué debía cambiar para acompañar una nueva etapa familiar.
La decisión más importante fue no empezar por el estilo, sino por la forma de vivir de sus propietarios. Solo después definimos la distribución, los materiales, la iluminación y una combinación de influencias Mid-Century y Art Nouveau moderno que respetara la personalidad de la vivienda sin convertirla en una copia del pasado.
Uno de los mejores ejemplos es el mueble diseñado a medida para el salón. Más que ocultar un televisor, resuelve una pregunta que aparece en muchas viviendas: ¿cómo conseguir un espacio elegante cuando no se está utilizando la televisión? Gracias a un sistema de puertas correderas interiores, el salón cambia de aspecto según el momento, manteniendo siempre el equilibrio visual.
La paleta cromática también responde a una decisión, no a una moda. El verde oliva recupera la esencia de la vivienda original y aporta serenidad, mientras que la madera de wengué refuerza la continuidad entre los elementos existentes y las nuevas incorporaciones, creando un ambiente cálido, sofisticado y atemporal.
El resultado es una vivienda que conserva su historia, pero que ahora responde a la forma de vivir de la familia. Porque una buena reforma no consiste en cambiarlo todo, sino en saber qué merece la pena mantener y qué necesita evolucionar.









