Nadie compra una terraza vacía
Cuando una vivienda todavía no existe, resulta difícil imaginar cómo será vivir en ella.
Ese era el reto de este proyecto.
La promotora necesitaba vender un terreno donde estaba prevista una vivienda unifamiliar, pero los futuros compradores solo podían ver planos y una cubierta completamente vacía.
Mi trabajo consistió en transformar esa incertidumbre en una experiencia.
Diseñé la cubierta como si la casa ya estuviera habitada. La piscina, la zona de comedor, el espacio para cocinar al aire libre y los rincones de descanso no se plantearon como elementos decorativos, sino como escenarios donde imaginar un desayuno en verano, una comida con amigos o una tarde de lectura al atardecer.
Porque las personas no se enamoran de una distribución.
Se enamoran de la vida que imaginan viviendo allí.
Este proyecto demuestra que el interiorismo también puede ser una herramienta para vender mejor un inmueble, ayudando a que el comprador deje de mirar planos y empiece a verse viviendo en ellos.





