Llegar a casa debía cambiar el día
Hay viviendas que cumplen su función. Y hay otras que consiguen que, al cruzar la puerta, sientas que has dejado el ruido fuera.
Ese era el verdadero objetivo de este proyecto.
El apartamento tenía una distribución correcta, pero transmitía la misma frialdad y monotonía que el ritmo acelerado de la ciudad. Sus acabados grises hacían que todas las estancias parecieran iguales y no invitaban a desconectar.
Antes de elegir materiales o colores, había una decisión importante: convertir la vivienda en un refugio donde recuperar energía cada día.
La naturaleza fue la herramienta para conseguirlo.
Las plantas dejaron de ser un elemento decorativo para formar parte de la arquitectura interior. La madera aportó la calidez que el apartamento había perdido y la paleta de verdes ayudó a crear una atmósfera serena, fresca y llena de vida.
Cada estancia se diseñó para reforzar esa sensación. El salón invita a detenerse, la cocina mantiene la conexión con los materiales naturales y el dormitorio se convierte en un espacio pensado para descansar y desconectar del exterior.
El resultado no es una vivienda decorada con plantas.
Es una casa que cambia la forma en la que se vive el final de cada día.








